Nos reunimos hoy aquí y al mismo tiempo con comunidades de todos los rincones del mundo, para comprometernos a trabajar juntos para salvar nuestro planeta.

El frágil equilibrio de la Tierra que siempre nos sustentó ahora está cambiando. Nosotros lo estamos modificando.

Causamos calentamiento que genera a su vez más calentamiento; los casquetes glaciares se derriten y las selvas mueren; este ciclo podría escapar de nuestro control en apenas cinco años.

El cambio climático está lejos y cerca a la vez. Muchos de nosotros estuvimos dormidos hasta ahora. Pero para otros, el cambio climático ya ha causado estragos en sus vidas.

Es la luz moribunda en los ojos de un niño: los desiertos avanzan y convierten en arena lo que antes era granja y una familia se muere de hambre.

Es un hogar, el sustento y toda una vida de recuerdos que son borrados por cada vez más inundaciones y tormentas implacables.

Es la batalla a muerte entre desesperadas tribus vecinas que se aferran a los últimos pozos de agua que les quedan.

Es toda la población de una isla que huye: el agua que envenenada por el mar; sus tierras hundiéndose bajo las olas.

Y es la tensión de miles de refugiados obligados a dejar sus tierras y emigrar a grandes ciudades en las naciones más pobres.

Estos son los duros anticipos de la tormenta que se avecina. Es el futuro que nos amenaza a todos por igual, porque no habrá persona que de alguna manera no sufra estos estragos, sea rica o pobre, del norte o del sur.

Pero podemos salvarnos si cambiamos los sistemas de energía que impulsan nuestras sociedades. Podemos dejar de quemar tanto combustible, carbón y madera. Podemos cambiar a energías naturales provenientes del sol, el viento. Pero hace falta que lo hagamos juntos; y debemos hacerlo ya mismo.

Las decisiones que tomamos hoy decidirán el futuro de la humanidad.

Por este motivo hoy salimos a la calle a reunirnos en miles de eventos en más 130 países de todo el planeta, para iluminar al mundo con una llamada a la acción, una señal de esperanza.

Apelamos a nuestros líderes para que actúen con urgencia y lleguen a un acuerdo real sobre cambio climático:

Un acuerdo real debe ser ambicioso. Queremos un acuerdo que ponga freno y marcha atrás al aumento de las emisiones de carbono en un lapso de 5 años y que rápidamente devuelva el mundo a un nivel seguro de emisiones de carbón de 350 partes por millón en nuestra atmósfera.

Un acuerdo real debe ser justo. Queremos un acuerdo que asigne 200 mil millones de dólares (135 mil millones de euros) al año para ayudar a los países pobres a cumplir con su parte en la solución de esta crisis que no fue creada por ellos.

Un acuerdo real debe ser vinculante. No permitiremos promesas vacías. Queremos un acuerdo que haga de la protección de nuestro planeta la ley de todos los territorios.

Este es el acuerdo más importante de nuestro tiempo. Todos los países deben ser parte de la solución. No aceptaremos menos.

Hoy nos reunimos como ciudadanos globales con un objetivo común y un destino compartido. Se trata de la oportunidad de construir un mundo del que podamos enorgullecernos como legado a nuestros hijos y nietos.

Es la hora más oscura antes del amanecer. Nuestro movimiento está despierto; es nuestro momento y hay que aprovecharlo; el futuro es nuestro y hay que construirlo y nuestro mensaje es claro:

¡El mundo quiere un acuerdo real!



Ahora podemos compartir historias y reflexiones sobre la razón de nuestra presencia hoy aquí y cómo nos afecta el cambio climático.